Toledo Vidente

Las artes se acercan entre sí, y el relato de ese acercamiento lo hace la literatura. Así lo escribe César Aira. Concuerdo y coincido y confluyo. Es la idea en sí misma la que reluce. En Francisco Toledo, las artes y los materiales y los soportes y las técnicas se acercan entre sí, se cruzan, se acarician, se atacan y se escucha, y el relato de ese acercamiento lo hace el artista que puede ver la obra en potencia, la grandeza que existe en el material antes de convertirse en obra, la muerte que vibra antes del salto al vacío.

Es un artista como ya no los hay, como aquellos que existen en la literatura del arte por sus obras, no por ellos mismos. Voltaire no es Voltaire sino su Cándido. Picasso no importa sino lo que dejó detrás de sí. Un artista que está presente en cada línea, en cada hebra, en cada piedra, papel o tijeras, pero que ya no está, que ha renunciado a su título de propiedad, un artista que desaparece detrás de su composición. No importa él, sino la obra, las obras, todas, en todas direcciones, con todos los materiales y soportes, ningún experimento, puras obras terminadas, una detrás de la otra, como alguien que va recolectando poesía en potencia y deja rastros de magia detrás de sí. Una obra sujeta a todas las fuerzas de la Física y la Mecánica, pero desafiándolas de origen. 

Esta idea de la transducción retumba en el cerebro. Tomar una forma de energía, recibirla, capturarla, domesticarla, atraparla o como se quiera, y convertirla en otra, recibir la luz y convertirla en sonido, capturar el viento y transformarlo en luz que a su vez puede transformarse en vida. Eso hace Toledo, toma un paquete de estropajos y les insufla vida para que se alce un Golem en medio del espacio. Mosaicos, piedras, resorteras, relojes, teatros en miniatura, tapices, rebozos, papeles, películas de radiografía, maderas, cráneos, lámparas, peinetas, aretes, collares, máscaras, libros y más libros para conformar un Reino Objetual, un Catálogo Inclasificable, un Gabinete de Maravillas, como bien lo anuncia el texto de sala. 

Qué envidia para todos los artistas, y al mismo tiempo, qué regalo, una auténtica ofrenda de conocimientos y saberes y rituales y homenajes sintetizados todos en cada pieza. Celebración de la minucia, Toledo ve, aún con los ojos cerrados. Sus manos ven, su cuerpo ve, sus piernas, sus oídos, sus brazos, su cerebro, desde lo profundo del sueño ve. Toledo vidente, podría también haberse titulado la exposición. Vidente de ver y de vida. Toledo Vivo Ve más allá de la materia. 

Toledo Ve. Exposición en el Museo Nacional de Culturas Populares. Coyoacán. Hasta septiembre de 2019. 850 piezas para cambiar al mundo.

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