Mosaico genético en México: una mirada desde las artes

“Entro en mí mismo para verme, y dentro, 

hallo, ¡ay de mí!, con la razón postrada, 

una loca república alterada”… 

Estos versos de Lope de Vega, de 1614, reflejan de un modo simple pero contundente aquello que podríamos entender como la curiosidad del artista –que comparte con la gente de ciencia–, por girar la mirada hacia su intimidad más profunda, y ser en sí mismo el objeto de estudio, frente al espejo, bajo el microscopio.

Se cumplen justo en estos días 50 años del viaje a la Luna, y hace 3 meses se cumplieron apenas 16 años del Proyecto Genoma Humano. Expediciones hacia el espacio exterior, y hacia el espacio interior. Ambas en busca de respuestas y sobre los límites para el conocimiento. Es decir, en apenas 5 décadas hemos llevado la realidad al borde del delirio que antes sólo nos daba la imaginación. ¿A dónde seremos capaces de llegar antes de que todo acabe?

Desde la perspectiva de la comunidad artística, o cultural, el proyecto del Mosaico genético en Méxicose ofrece como un puente que permite transitar cómodamente entre las ideas y los datos, es decir, aquella información que tradicionalmente podría verse como “críptica” o “incomprensible” por su complejidad aparente, se torna más bien enigmática y poderosamente atractiva para tomarla en las manos, asimilarla y producir con ella nuevas rutas, nuevas preguntas, nuevo conocimiento: obras, piezas, creaciones diversas.

Las preguntas de un artista son distintas a las de una persona de ciencia, esencialmente porque no buscan respuestas que impliquen necesariamente el componente de verdad, hechos comprobables, datos verificables.

La poesía que encierra el enigma del código supera por mucho la simple pregunta sobre nuestros orígenes. No es lo mismo decir “cuna es destino”, que “origen es destino” o “infancia es destino”. Genómica, genética y epigenética, además de semántica y narrativa.

¿Estamos determinados, pre programados, podemos modificar nuestra esencia más íntima, nuestro propio código?¿Qué hay más allá del código? ¿Podemos cambiar nuestros genes, y heredar esos cambios? ¿Tenemos ciertas tendencias de acuerdo a nuestro código? ¿Somos proclives a ciertas conductas? ¿Sirve la yoga, la meditación, el deseo de ser felices? ¿El solo hecho de ser un resultado me permite incidir sobre mi propia historia? ¿Puedo ser del modo que yo quiera, realmente, o estoy y soy, solo lo que está programado en mi código? ¿El orden de mis datos genéticos me altera como producto? ¿Mi actitud y mi actuación durante la vida pueden cambiar o estoy destinado a repetirme una y otra vez? ¿Puedo cambiar mi futuro? ¿Puedo cambiar mi pasado? Pero lo más importante, ¿puedo cambiar mi presente?

El proyecto surge por una necesidad compartida de saber más y mejor, y comunicarlo más y mejor hacia todas partes, compartirlo masivamente, que circule tanto hacia afuera como al interior de diversas comunidades, y a partir de la información clara y profusa, tratar de abordar nuevamente las preguntas básicas sobre raza, racismo, identidad, memoria, derechos, implicaciones, comunidad, migración, origen y destino. ¿De dónde venimos, hacia dónde vamos, para qué estamos aquí?

Y en este esfuerzo por sumar saberes y talentos, que se sigan propiciando encuentros y procesos colaborativos, horizontales, transgresores, transdisciplinarios.

¿Cómo se da el encuentro entre arte y ciencia? Primero, despojándose de las categorías y jerarquías de quien cree que posee o resguarda toda la verdad sobre algo, es decir, poniendo el Ego a un lado.

Después, compartiendo saberes, sin reclamar de entrada créditos, nichos, posiciones, jerarquías, cuotas. Es un proceso incipiente en nuestra sociedad. La gente de ciencia y de cultura estamos diseñados para competir, para avanzar, para alcanzar posiciones en una escala, no para compartir, colaborar, socializar y donar, en sentido estricto, nuestros saberes. Todo tiene precio en un mundo diseñado para que sólo sobrevivan los más fuertes, los despiadados, los menos empáticos, no necesariamente los mejores.

Esta dinámica nos ha llevado al aislamiento, al despojo, al uso de los saberes de otros para nuestro beneficio y provecho, alejándonos cada vez más de los otros a quienes supuestamente nos debemos.

Proyectos como éste, construido horizontalmente desde distintos saberes, demuestran que sí es posible –si bien con mucho esfuerzo y deseo de escuchar, atender y aprender de los otros–, construir espacios de conocimiento sin fines de lucro, donde la autoría individual cede el paso a la autoría colectiva, al nosotros, juntos, en compañía. Todos somos lo mismo, aunque diferente, diverso, distinto.

También es un proyecto de afectos. Afectar a otros, dejarnos afectar por otros, compartir los afectos, ampliarlos. Y por qué no decirlo, sufrir decepciones, depresiones, choques de ideas, colisión de opiniones.

Arte y ciencia, tecnología, educación, comunidad, colaboración, resistencia creativa, antifascismo, antideterminismo, solidaridad, colectivismo, activismo social, defensa del territorio, defensa del cuerpo, de los recursos, defensa de los afectos, del bien comun. Todo es parte de lo mismo. Defensa de la vida para todos, no solo para unos cuantos. Para eso estamos aquí, juntos, y somos cada vez más.

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