“No cantéis la rosa, oh, poetas… haSedla florecer en el Jaguar”

Buenas noches. Gracias, Tony, por la invitación, siempre es un placer, un honor y un reto, acompañarte a alguna nueva iniciativa, sin repetirnos, sin hacer agua, en lugar de vino, como tú te mereces.

Me mueve personalmente tu “Carta de Epicúreos contra necios”, cuando arremetes contra la renuncia y la nata mental, y llamas a la rebelión contra quienes se han atascado “en el hoyo del destiempo”. No puedo dejar de repetirme en voz alta tus palabras de profeta: “Filosofa junto a los pares que galopan hacia el meollo de las cosas”. Es como si hubieras comprimido en un haikú a todo Cervantes y Pessoa.

En esas pocas palabras se encierra el secreto de quién es Antonio María Calera-Grobet, como se guarda en una simple y única gota de agua toda la potencia del río que corre abriendo su camino hasta llegar a la vastedad del océano, como soñaba Cardoza y Aragón en las líneas de su mano.

Escritores que escriben sobre lo que otros escritores escriben, es siempre un reto mayor que puede rallar en la auto complacencia, el auto elogio, el onanismo, sobre todo si –como es mi caso–, conoces al autor hace más de 25 años, y lo has visto reír y llorar, gritar y cantar, y sobre todo pensar, analizar, reflexionar, repasar y diseccionar la realidad que lo rodea y lo traspasa, para luego dejarse ir en una especie de cruzada a muerte contra la muerte, un combate sin tregua por la vida que encierra cada ejercicio de creación. Porque, me parece, ésa es la definición de Calera, la de un creador en toda la extensión del término, alguien que da vida a algo que toma forma con el paso de los minutos, alguien que permanentemente está construyendo, gestando, alumbrando.

Esto podría significar algunas desventajas –me he dicho un par de veces a mí mismo, pensando en Calera–, quizá un desbordamiento permanente que le impide ver la belleza del detalle, la inmensidad de la minucia, el arrobamiento ante el límite o el poder del instante, la contención como virtud. Pero basta leer cualquiera de sus líneas, en cualquiera de sus libros, textos, catálogos, blogs, artículos, para que esta idea se desvanezca, por no decir se quiebre en pedazos. Prueba de ello, es esta línea que mencioné al inicio: “Filosofa junto a los pares que galopan hacia el meollo de las cosas”.

Hace unos días, después de asistir a la exposición de Toledo en el Museo de Culturas Populares, tuve una especie de epifanía, y pude ver, con nitidez, a un artista total desde todos los ángulos, no alguien que se levanta y va a su taller y se pone a trabajar, y luego vuelve a sus tareas cotidianas, sino alguien que crea desde que nace hasta que muere, y en esa línea de ideas, alguien que crea desde antes de nacer y mucho después de morir.

No es sólo por la vastedad de la obra, su riqueza y todo lo que podamos pensar de esa obra y de su creador o creadora, sino sobre todo por su ímpetu, su impulso, su intención impecable, en pocas palabras, su voluntad incontenible. A esta estirpe pertenece Antonio.

No tengo que convencer a nadie. Si bien él conoce a casi todo el mundo conocido, es más preciso decir que casi todos, conocidos o no, lo conocemos a él, y saben que no miento cuando digo que Antonio es como una máquina que no reconoce la obsolescencia programada, más bien al contrario, como en Cronos, es una máquina que se auto regenera todos los días, con sus altibajos, tal vez, pero imparable a final de cuentas.

No me canso de decir que Toño Calera escribe como cocina, con todos los ingredientes en la mano, pero con total libertad de acción. Es decir, el cocinero tiene detrás de sí toda la historia y la técnica y la tradición a cuestas, y le sirve tanto como le sirve todo su entrenamiento previo a quien entra en combate. Poco o casi nada, según se manifieste el presente con toda su incertidumbre y sorpresa. El cocinero, entonces, toma decisiones sobre la marcha, y cabalga cuando lo tiene que hacer, o flota sobre el río sin oponer resistencia, cuando así se lo demanda la cazuela, la sartén o el horno, el pescado o el cerdo, la salsa o la tabla de quesos.

Así Calera en este Sed Jaguar, hay textos donde la claridad es el objetivo, y otros donde se busca un golpe al cálculo mental o al seguimiento lingüístico. Como su cocina, o su critica de arte, o su conversación, su escritura es cultura porque produce conocimiento, para quien quiera compartirlo. La semántica y la semiótica, la gramática y la retórica en una misma cocina, a la mano del cocinero que filosofa, frente a otro cocinero invitado, en este caso en particular, a Demián Flores, con quien dialoga en cada texto, platillo, puesta en escena que componen este Sed Jaguar. Las ilustraciones de Demián no pueden ser más certeras en este cuerpo a cuerpo sin límite de tiempo, en donde ya no está tan claro quién provoca a quién, en busca de nuevas lecturas.

De Sed Jaguar, a quienes ya lo tienen y lo han leído, les recomiendo que lo relean abriéndolo en cualquiera de sus puertas o ventanas, según se le quiera ver. El ejercicio es casi aeróbico. Cambian los aires y las palabras, los ritmos y las pausas. El silencio es también un actor protagónico, cuando encuentras algunas páginas en blanco, que bien podrían ser una invitación a intervenir como actores secundarios, con algún trazo, una frase, una idea en potencia.

Para otra actividad a la que me invitaron para decir algunas palabras en un homenaje a Toño, hace ya un par de años, en la sede anterior del Bardini, en donde hoy está el Tenxócotl, tuve oportunidad de cantarle a Tony algunas cosas más personales, más íntimas, pero en público, como se debe declarar el amor a los amigos.

Las rescato porque, me parece, guardan intacto mi sentir hacia su personaje total, como cierre a esta presentación desordenada, plena de reconocimiento, vindicación y cariño:

Antonio María siempre está mirando

Antonio María baila como un planeta sin órbita definida.

Nunca lo he visto bailar tanto como esta noche.

Se agita y revolotea dentro de sus zapatos como un enorme búfalo que aprecia la libertad de correr sin freno por la pradera mental.

 Antonio María nada y se desplaza por los corredores de la amistad como un pez en el agua mineral de la fiesta brava.

 Antonio María brama siete veces cada noche al filo de las 2 de la mañana, y bebe Ron y Vodka Riki y Ginebra como si en ello le fuera la vida, como si la sed fuera un mito construido por el gran capital para alejarnos de las muchachas ebrias.

 Antonio María piensa cada vez más en los aviones de doble hélice, en sus motores encendidos y en su capacidad para mover montañas.

 Como en el toro, los ojos de Antonio María se separan a voluntad para enfocar mejor al sujeto de sus meditaciones, para medir la tensión antes del disparo.

 Antonio María también llora más que los demás, es un don que le viene de la Edad Media, cuando cazaba jabalíes y dragones con las manos amarradas en la espalda.

 Llora a cántaros pero nadie lo nota, su llanto se esconde debajo de la barba para evitar malos tragos a sus amigos y a sus hermanos, que son muchos, sin duda muchos más de los que él cree.

 Antonio María tiene más amigos de los que puede abrazar.

 Antonio María ama con todo su cuerpo de titán embravecido, a sus amigos, a sus amigas, a sus enemigos y a sus héroes.

Antonio María tiene muchos héroes, pero adora también a los villanos.

 Los tiene de todo tipo, de todas las edades y colores y en varios idiomas, y procura tenerlos cerca como a sus enemigos, los quiere al alcance de la mano para partirles el pescuezo y ahogarlos cuando sea necesario.

 Pero Antonio María rara vez ataca.

Es un toro acostumbrado a perdonar, aunque no olvida.

Antonio María nunca olvida. Es peor que Funes.

Recuérdalo bien.

 Antonio María es un niño todos los días del año y como niño que es se ajusta el pantalón y la chaqueta y la ropa interior y la exterior y el sombrero sobre la cabeza que tiene empotrada al cuello, para que todo quede en su santo sitio de simple soledad, porque Antonio María está solo y lo sabe y llora por eso pero también baila y canta y bebe a la salud de la simple soledad que hay en el silencio de su departamento, en el silencio de su calle, en el silencio de la soledad que cubre todos los rincones de su ciudad natal.

 Antonio María sueña con monjas drogadas que trotan a medio vestir por la plaza de la Ciudadela, por esas monjas que todos hemos visto al menos una vez tocándose al mirar a los maniquíes desnudos detrás de las grandes vitrinas de 20 de Noviembre.

 Antonio María es una buena persona, me consta, pero lo detesta, aborrece ser una buena persona, sólo desearía ser un gángster para acabar con todos de una buena vez y empezar de cero.

 Antonio María también sueña con mujeres desnudas que corren todas las noches por el malecón de La Habana cuando los termómetros marcan los 40 grados. Las mira sacudirse frente a la brisa marina y refrescar un poco esos cuerpos imposibles, esas curvas imposibles, esos muslos imposibles, y sueña, sueña con una Bota habanera, una Bota frente al malecón como el puerto al que arriben esos cuerpos en busca de un poco de diversión y descanso.

 Antonio María es un modelo para armar.

 Antonio María surte distintos efectos sobre las personas, sobre los jóvenes, sobre los libros que toca, sobre las bebidas, sobre la comida, sobre los hombres y sobre las mujeres. Antonio María entra a los mercados y las aguas se abren.

 Antonio María sacude, Antonio María arrebata, arremete, embiste.

Es un Toro Todo Terreno acostumbrado a pasar por encima de cualquier obstáculo.

 Antonio María es un arquitecto pegado a una panza que aprecia como pocos el arte del dibujo y de la pintura y el grabado y la técnica y la táctica y la estrategia.

 Antonio María no tiene límites ni limitaciones ni limitantes, no reconoce fronteras en los hechos ni en las artes ni en los hombres ni en la geografía. Su Mosaico genético cambia cada 15 minutos.

 Antonio María sufre por todos lados y lame sus heridas de espaldas al mundo.

 Antonio María es un ojete con los ojetes, y un príncipe con sus amigos.

 Antonio María escucha, acepta, observa, aguarda, contiene… pero esa espera es solo la forma que toma la ola que es Antonio María antes de lanzarse hacia adelante como el toro que es, para decir, hacer, construir, organizar, empujar, enlazar, producir, coordinar, promover, aplaudir, abrazar.

 Antonio María no está aquí para resistir, sino para insistir.

 Antonio María no vino al mundo para mejorarlo, ni para que rías un poco más, ni para brindar a la salud de los enfermos ni para decir “buenos días”, “qué tal”, “con permiso”.

 Antonio María nunca viene.

Antonio María siempre va.

 Antonio María es un rompecabezas con un martillo en la mano.

 Antonio María es un árbol que crece veinte metros cada noche.

Mosaico genético en México: una mirada desde las artes

“Entro en mí mismo para verme, y dentro, 

hallo, ¡ay de mí!, con la razón postrada, 

una loca república alterada”… 

Estos versos de Lope de Vega, de 1614, reflejan de un modo simple pero contundente aquello que podríamos entender como la curiosidad del artista –que comparte con la gente de ciencia–, por girar la mirada hacia su intimidad más profunda, y ser en sí mismo el objeto de estudio, frente al espejo, bajo el microscopio.

Se cumplen justo en estos días 50 años del viaje a la Luna, y hace 3 meses se cumplieron apenas 16 años del Proyecto Genoma Humano. Expediciones hacia el espacio exterior, y hacia el espacio interior. Ambas en busca de respuestas y sobre los límites para el conocimiento. Es decir, en apenas 5 décadas hemos llevado la realidad al borde del delirio que antes sólo nos daba la imaginación. ¿A dónde seremos capaces de llegar antes de que todo acabe?

Desde la perspectiva de la comunidad artística, o cultural, el proyecto del Mosaico genético en Méxicose ofrece como un puente que permite transitar cómodamente entre las ideas y los datos, es decir, aquella información que tradicionalmente podría verse como “críptica” o “incomprensible” por su complejidad aparente, se torna más bien enigmática y poderosamente atractiva para tomarla en las manos, asimilarla y producir con ella nuevas rutas, nuevas preguntas, nuevo conocimiento: obras, piezas, creaciones diversas.

Las preguntas de un artista son distintas a las de una persona de ciencia, esencialmente porque no buscan respuestas que impliquen necesariamente el componente de verdad, hechos comprobables, datos verificables.

La poesía que encierra el enigma del código supera por mucho la simple pregunta sobre nuestros orígenes. No es lo mismo decir “cuna es destino”, que “origen es destino” o “infancia es destino”. Genómica, genética y epigenética, además de semántica y narrativa.

¿Estamos determinados, pre programados, podemos modificar nuestra esencia más íntima, nuestro propio código?¿Qué hay más allá del código? ¿Podemos cambiar nuestros genes, y heredar esos cambios? ¿Tenemos ciertas tendencias de acuerdo a nuestro código? ¿Somos proclives a ciertas conductas? ¿Sirve la yoga, la meditación, el deseo de ser felices? ¿El solo hecho de ser un resultado me permite incidir sobre mi propia historia? ¿Puedo ser del modo que yo quiera, realmente, o estoy y soy, solo lo que está programado en mi código? ¿El orden de mis datos genéticos me altera como producto? ¿Mi actitud y mi actuación durante la vida pueden cambiar o estoy destinado a repetirme una y otra vez? ¿Puedo cambiar mi futuro? ¿Puedo cambiar mi pasado? Pero lo más importante, ¿puedo cambiar mi presente?

El proyecto surge por una necesidad compartida de saber más y mejor, y comunicarlo más y mejor hacia todas partes, compartirlo masivamente, que circule tanto hacia afuera como al interior de diversas comunidades, y a partir de la información clara y profusa, tratar de abordar nuevamente las preguntas básicas sobre raza, racismo, identidad, memoria, derechos, implicaciones, comunidad, migración, origen y destino. ¿De dónde venimos, hacia dónde vamos, para qué estamos aquí?

Y en este esfuerzo por sumar saberes y talentos, que se sigan propiciando encuentros y procesos colaborativos, horizontales, transgresores, transdisciplinarios.

¿Cómo se da el encuentro entre arte y ciencia? Primero, despojándose de las categorías y jerarquías de quien cree que posee o resguarda toda la verdad sobre algo, es decir, poniendo el Ego a un lado.

Después, compartiendo saberes, sin reclamar de entrada créditos, nichos, posiciones, jerarquías, cuotas. Es un proceso incipiente en nuestra sociedad. La gente de ciencia y de cultura estamos diseñados para competir, para avanzar, para alcanzar posiciones en una escala, no para compartir, colaborar, socializar y donar, en sentido estricto, nuestros saberes. Todo tiene precio en un mundo diseñado para que sólo sobrevivan los más fuertes, los despiadados, los menos empáticos, no necesariamente los mejores.

Esta dinámica nos ha llevado al aislamiento, al despojo, al uso de los saberes de otros para nuestro beneficio y provecho, alejándonos cada vez más de los otros a quienes supuestamente nos debemos.

Proyectos como éste, construido horizontalmente desde distintos saberes, demuestran que sí es posible –si bien con mucho esfuerzo y deseo de escuchar, atender y aprender de los otros–, construir espacios de conocimiento sin fines de lucro, donde la autoría individual cede el paso a la autoría colectiva, al nosotros, juntos, en compañía. Todos somos lo mismo, aunque diferente, diverso, distinto.

También es un proyecto de afectos. Afectar a otros, dejarnos afectar por otros, compartir los afectos, ampliarlos. Y por qué no decirlo, sufrir decepciones, depresiones, choques de ideas, colisión de opiniones.

Arte y ciencia, tecnología, educación, comunidad, colaboración, resistencia creativa, antifascismo, antideterminismo, solidaridad, colectivismo, activismo social, defensa del territorio, defensa del cuerpo, de los recursos, defensa de los afectos, del bien comun. Todo es parte de lo mismo. Defensa de la vida para todos, no solo para unos cuantos. Para eso estamos aquí, juntos, y somos cada vez más.

new slogans to waste our…

onto the wall i stare and wait, i share my way to…

poetry is usually a waste of…

poetry is my personal way to waste your…

money is another way to reach the wall and earn some…

money can’t by you love, unless you give your…

life is poetry in a way of….

thinking is a wall in the middle of…

desert, is a form of distance when you try to remember the first time you…

do you remember the first time we…?

time is a poetry way to look back into your….

time is a waste, a way of…

poetry is a way to waste my…

do you remember that trip we took into the...?

ocean is a wall in my mind when i think on…

time is a poetry way to walk away of…

poetry is a way to walk of…

poetry is away from…

time is poetry away, a waste of…

every wall is music in my…

mind, that path that makes sense if you…

every music is away of time in the…

time is music for…

time is a music wall where you can´t…

music can heal your brain if you…

indeed you can climb the…

a wall is a wall away from…

poetry is a wall in a certain way of…

a way is a path in and out of…

a path is a wasted wall of time in my…

the wall is asking me to take it down as a waste of my…

as a poetry way to stay in the…

poetry is a head in the…

distance is a poetry way to waste your…

life is here, in the middle of my…

this is not a pipe, but a way to see the bottom of the…







El dizque encanto de la burguesía

Cuestionario de la pasión gastronómica

PREGUNTAS: Antonio Calera-Grobet

RESPUESTAS: Alejandro Ortiz González

a)¿Por qué le gusta o le disgusta comer con las manos?

Me fascina comer con las manos, fundamentalmente porque las manos agregan textura a lo que se avecina, ejercen un poder de anticipación. En su calidad de antena sensorial, la mano y, en concreto, el dedo, percibe lo que la lengua apenas adivina.

b)¿A qué alimento o platillo le confiere mayor poder destructivo?

Una carne en vías de descomposición altera los sentidos, afecta la digestión en formas poco imaginables, proyecta al comensal a escenarios de pesadilla. Por otro lado, el exceso en la ingestión de chapulines oaxaqueños puede llevar a alucinaciones con finales insospechados.

c)¿Qué comida le provoca más felicidad: el desayuno, la comida o la cena?

La cena es la cúspide en el acto escénico de la degustación, lleva implícita horas de ideas, imágenes en fuga, excesos, faltas de respeto, ensayo y error. Su ejecución es sinónimo de audacia y de soberbia. Su final no llega nunca…

d)¿Cuándo pecó por última vez de mala educación sobre una mesa? ¿Qué fue lo que hizo?

Mala educación es negarse a repetir por tercera vez una porción de bacalao entero a la vizcaína. De eso he pecado hace apenas un par de noches.

e)Subraye su elección: ¿Dulce o salado? ¿Tierno o dorado? ¿Crudo o Cocido?

Esencialmente salado, dorado y cocido.

f)¿Qué ha realizado usted (o dejado de realizar) gracias a unas copas de vino?

He volado, literalmente, entre azoteas. La proeza, sin embargo, no radica en el vuelo en sí, sino en que he llevado conmigo la copa.

g)¿Qué se le antojaría comer en este momento si se encontrara en la playa?  

Una langosta gigante a las brasas, con naranja y axiote.

h)¿Beef or Chicken? ¿Pork or Fish? ¿Pasta? ¿Vegan? ¿Another?

Por su variedad incondicional, Fish, hasta sus últimas consecuencias.

i)¿Todavía juega con su comida? ¿Mientras come? ¿Al terminar? ¿Por qué? 

Todavía me descubro dando pellizcos lascivos a los mejillones, o sorbiendo sin pudor el tuétano en el caldo de res.

j)¿Qué platillo piensa para recordar su infancia?  

La tapioca y la crema de tomate.

k)¿Quisiera siempre comer afuera, que le cocinaran, o cocinarse llueve, truene o relampagueé?   

Todos los formatos me satisfacen. Creo, sin embargo, que el ideal de quien atesora cocinar es que se reúnan otros cocineros en la cocina propia, y se apliquen sobre ella como si fuera suya. En esa faena se cumplen todas las anteriores.

l)Elija un  alimento y defínalo brevemente: tofu, miel, tuétano, ajo, espinaca, leche o pulpo.

Árbol y molusco, celebro ciegamente la elegancia lúbrica del pulpo.

m)Complete: “Para mí, comer sin compañía es algo parecido a…”

Dormir sin sueño o fumar cigarrillos mentolados…

n)¿Cree usted que alguien coma desnudo sobre la cama o se trata de un cliché de Hollywood?

No dudo que exista quien coma desnudo sobre la cama, mi duda es si lo disfruta.

ñ) Subraye su favorita: penne, fetuccine, fusilli, capellini, spaghetti, rigatoni o cannelloni. ¿Otra?

Ravioli, las más de las veces.

o)¿Cuál es el su guisado favorito sobre la faz de la tierra? 

Cuando pienso en esta escena, siempre se impone un combate, entre los chiles rellenos y la lengua almendrada.

p)Complete: “Para mí, el menú decembrino es verdaderamente algo que…”

Refleja el estado de salud de una comunidad, familia, cónclave de amigos o tribu. No hay mejor forma de medir la temperatura en una relación –familiar, comunitaria, tribal– que por sus platos de fin de año. Y no es el menú decembrino una simple lista de platillos, sino una actitud, un reparto de cuotas, una rebatinga en la que los argumentos pesan para apoderarse de ésta o aquella receta.

q)Complete: “Sobre las entradas y los platos fuertes, los postres verdaderamente…”

Sobran.

r)Si fuera cierta esa pavada que la luna es de queso. ¿De cuál se trata? (¡Menos el Gruyère!).

Sería fenomenal que se tratara de un provolone.

s)¿Comida callejera predilecta?

Tlayudas dobles con tasajo y carne enchilada, en la calle de Libres, en Oaxaca.

t)Forzado a la hipotética isla desierta: ¿qué alimento o platillo llevaría con usted?

Cerveza con Clamato… mucha.

u)¿La falta que menos tolera de un restaurante?

La mala calidad en los alimentos. Puedo esperar, aunque me molesta, pero  lo que no soporto es la mediocridad.

v)¿Cuál es para usted la clara diferencia entre alimentarse y saber comer? 

Los motivos por los cuales uno se sienta a la mesa. Para alimenatarse no es necesario tomarse tiempo ni esfuerzo alguno, puede uno alimentarse caminando o incluso trabajando. Para saber comer, sin embargo, lo más preciado es el tiempo, la pausa y la dedicación. El buen comer es un sinónimo de buen vivir, y vivir con prisa es vivr a medias…

w)¿Un buen gourmandnace o se hace? ¿Ambas? ¿Alguna otra posibilidad pasada por alto? 

Creo que el gourmandno nace ni se hace, sólo se revela.

x)Complete: “Para mí, comer con la familia o amigos representa, ante todo…”

Reivindicar a la fiesta y el convite como las armas más eficaces de construir comunidad.

y)¿Cuáles son las especias o los condimentos que más atesora?  

El epazote, el azafrán, el orégano, la pimienta, la sal, la semilla de cilantro y el ajo.

z)Complete: “Cuando no puedo comer, siento que…”

nací solo y solo moriré…

Toledo Vidente

Las artes se acercan entre sí, y el relato de ese acercamiento lo hace la literatura. Así lo escribe César Aira. Concuerdo y coincido y confluyo. Es la idea en sí misma la que reluce. En Francisco Toledo, las artes y los materiales y los soportes y las técnicas se acercan entre sí, se cruzan, se acarician, se atacan y se escucha, y el relato de ese acercamiento lo hace el artista que puede ver la obra en potencia, la grandeza que existe en el material antes de convertirse en obra, la muerte que vibra antes del salto al vacío.

Es un artista como ya no los hay, como aquellos que existen en la literatura del arte por sus obras, no por ellos mismos. Voltaire no es Voltaire sino su Cándido. Picasso no importa sino lo que dejó detrás de sí. Un artista que está presente en cada línea, en cada hebra, en cada piedra, papel o tijeras, pero que ya no está, que ha renunciado a su título de propiedad, un artista que desaparece detrás de su composición. No importa él, sino la obra, las obras, todas, en todas direcciones, con todos los materiales y soportes, ningún experimento, puras obras terminadas, una detrás de la otra, como alguien que va recolectando poesía en potencia y deja rastros de magia detrás de sí. Una obra sujeta a todas las fuerzas de la Física y la Mecánica, pero desafiándolas de origen. 

Esta idea de la transducción retumba en el cerebro. Tomar una forma de energía, recibirla, capturarla, domesticarla, atraparla o como se quiera, y convertirla en otra, recibir la luz y convertirla en sonido, capturar el viento y transformarlo en luz que a su vez puede transformarse en vida. Eso hace Toledo, toma un paquete de estropajos y les insufla vida para que se alce un Golem en medio del espacio. Mosaicos, piedras, resorteras, relojes, teatros en miniatura, tapices, rebozos, papeles, películas de radiografía, maderas, cráneos, lámparas, peinetas, aretes, collares, máscaras, libros y más libros para conformar un Reino Objetual, un Catálogo Inclasificable, un Gabinete de Maravillas, como bien lo anuncia el texto de sala. 

Qué envidia para todos los artistas, y al mismo tiempo, qué regalo, una auténtica ofrenda de conocimientos y saberes y rituales y homenajes sintetizados todos en cada pieza. Celebración de la minucia, Toledo ve, aún con los ojos cerrados. Sus manos ven, su cuerpo ve, sus piernas, sus oídos, sus brazos, su cerebro, desde lo profundo del sueño ve. Toledo vidente, podría también haberse titulado la exposición. Vidente de ver y de vida. Toledo Vivo Ve más allá de la materia. 

Toledo Ve. Exposición en el Museo Nacional de Culturas Populares. Coyoacán. Hasta septiembre de 2019. 850 piezas para cambiar al mundo.

En busca del Gran Arquitecto

¿Quién que vive en íntimo contacto con el orden más consumado 

y la sabiduría divina, no se sentirá estimulado a las aspiraciones 

más sublimes? ¿Quién no adorará al Arquitecto de todas estas cosas?

Copérnico

 

A diferencia del Gordo Artajo, en Los relámpagos de agosto, de Iberguengoitia, yo siempre he manejado mejor la pluma que la espada. Por eso he preferido escribir estas palabras, para que la memoria y la emoción no me traicionen.

Hace algunos años, durante una presentación, el novelista y poeta Álvaro Mutis comentaba que él prefería presentar los libros de otro modo, bajar del estrado y recorrer el espacio, entre las sillas, de pie, forzando a la audiencia a levantarse. Le gustaba, decía él, ir presentando el libro a la gente como si se tratara de un amigo íntimo.

La idea me pareció entonces, y todavía lo pienso, una genialidad, no sólo porque rompe con el protocolo casi académico de la idea de autoridad, sino porque es un acto vital de socialización, un intercambio en igualdad de condiciones, y por qué no, una fiesta. La fiesta, como decía Hakim Bey, es en sí mismo un acto de resistencia, y en estos tiempos, todo l oque hagamos para resistir es, en mi código de conducta, una prioridad.

Sobre Ernst Saemisch, como sucede con grandes artistas, siempre se podrá tejer más y más, sea a través de su historia personal, o a través de la historia de otros en su interacción, descubrir o construir nuevos puentes invisibles que permitan unir todos los puntos, como propone David Huerta, o reconstruir rutas, huellas y rastros, como evidencian todos los textos y sus autores y autoras.

Sin embargo, hay señales y signos constantes e inequívocos que saltan de las páginas, los comentarios y las reflexiones: por un lado la formidable, sólida, incuestionable, formación académica que sirvió de base para su posterior distancianciamiento e independencia, en la lógica de que para liberarse de ataduras o casillas primero hay que conocerlas, sufrirlas, dominarlas, incluso domesticarlas; y por el otro, su fascinación ritual por la vida y sus misterios, el viaje, el paseo, el conocimiento, idealmente expresados en el mundo natural, la naturaleza misma como ese universo que nos incluye, una verdad tan obvia que pasa inadvertida para casi todos.

Esta cualidad, justo en estos días, es la que más me llama la atención. Por azares del destino, he estado leyendo sobre las investigaciones de un psicólogo y neurofisiólogo mexicano, Jacobo Grinberg, para describir y demostrar diversas teorías que implican la relación entre lo que hoy se conoce como el campo cuántico, y lo que él llamó el campo neuronal, y cómo juntos, construyen la realidad en la que vivimos. Su teoría del campo unificado tiene otro nombre, la Teoría Sintérgica. Grinberg, y por eso lo traigo a colasión, es un experto en la investigación sobre la Conciencia. Su investigación sobre el Potencial Transferido, que es la capacidad de comunicación entre cerebros, como si se tratara de WiFi o Bluetooth, a principios de los años 90, es célebre. Y ahí es donde veo una intersección con la vida y obra de Saemisch, una capacidad para entender, desde la intuición, pero con toda la técnica de respaldo, las relaciones casi milagrosas entre unidades, seres, desde su intimidad más preciada. Ese orden íntimo que han buscado tantos, y sólo algunos han logrado ver y sumergirse en ella.

Entiendo a Saemisch como un hombre que adquirió el mayor conocimiento posible, a saber: entenderse (desde el reconocimiento de su propia conciencia) como parte de un todo, y buscar a toda costa alcanzar su esencia más íntima y profunda, la síntesis iluminada, decir lo más con lo menos, y vivir el momento de la comunión a perpetuidad. Estos términos arrastran consigo múltiples cargas, comunión, ritual, conciencia, iluminación, pero hoy más que nunca y gracias a la ciencia, podemos despojarlas de fanatismo, telarañas y dejar que la luz caiga sobre ellas. Veo a Saemisch, en ese sentido, como un iluminado, a la manera de Artaud o de Edward James, pero con la serenidad de quien alcanza estados alterados con la sola interacción con su entorno.

Leer este libro me ha permitido aproximarme al artista, más que a la obra, y me ha impreso una idea profunda que perfila a Saemisch como un Poeta, en toda la extensión de la palabra, es decir, un artista que lee en la naturaleza, que ve en la música, que escucha en las formas, que siente con los ojos, un dispositivo de carne y hueso de captación que transduce, es decir, capaz de captar una forma de energía y convertirla en otra: un alquimista. Y no me refiero a un Poeta que escribe poemas, únicamente, sino a un poeta que vive y convierte lo que hace en poesía.

Y no es sólo un recurso retórico, me parece que las reflexiones de Saemisch (recogidas por Gertrudis Zenzes) a las que se refiere Carlos Blas Galindo en su texto, dan cuenta de que estamos ante un Poeta que pinta, que dibuja, que escribe, que camina, que observa, que se cuestiona y sufre por no lograr todas las respuestas:

  1. “La primera: “Quiero simplemente lograr una mayor transparencia y, así, revelar la conjunción y el antagonismo de las fuerzas de la existencia”.
  2. La segunda: “Siento el impulso de llegar hasta el orden íntimo de las cosas, un orden anterior a toda estética, un orden relacionado con la genealogía del hombre”.
  3. La tercera: “No lograba avanzar porque estaba atado a una formulación estética, porque me constreñían ciertos ordenamientos y no tenía el valor o la fuerza de saltar a la incertidumbre tocada por la gracia de la locura. No había que buscar nuevas formas, sólo nuevos ritmos en la música de la locura. Elevarse sobre uno mismo, traspasarse, quién sabe hacia dónde…”

Parecen las palabras de Einstein, o de Freud, o de Mandlbroth. Todo en la búsqueda frenética del gran arquitecto y de las huellas de su obra en lo minúsculo.

La sola mención de “llegar hasta el orden íntimo de las cosas” nos lleva de un salto a Ponge, el poeta de la naturaleza que dedica su vida a esa búsqueda, o a Copérnico y su adoración por la sabiduría del arquitecto de todas las cosas, a Bataille, que identifica a la razón como un obstáculo para alcanzar el orden íntimo de las cosas, a Pessoa transmutado en Alberto Caeiro y su Guardador de rebaños, que se refiere constantemente a la “constitución íntima de las cosas”… No la rima, que es la forma, sino el ritmo, el orden íntimo, el pálpito, la vida abriéndose paso. “Elevarse sobre uno mismo, traspasarse”, dice Saemisch, pero abriendo la puerta a la incertidumbre, como apunta Huerta “quién sabe hacia dónde”.

Sus búsquedas diversas me llevan a pensar en el Poeta (el artista) que se introduce en todos los terrenos donde se anuncia un acontecimiento en ciernes: la filosofía, la ciencia, la cocina, el mercado, la calle, la selva, el río agitado, el estanque inmóvil pero bullente de vida… siempre listo a escuchar, a saber escuchar, para luego digerir, aprender, y finalmente devolver en un gesto de retribución, obras que siempre estarán en proceso, como la vida.

No puedo dejar de pensar en que Saemisch parece un hombre adelantado a su tiempo. Si hubiera vivido 50 años después imagino que estaría en el centro de procesos y proyectos colectivos y colaborativos con científicos e ingenieros, construyendo máquinas para escuchar la música de las piedras, dispositivos para observar y escuchar fotones, instrumentos musicales capaces de emitir notas y escalas distintas en una partitura dedicada al silencio.

Un innovador, dirían los entendidos. Un poeta, dirían los poetas. Un artista completo, dirían otros. ¿Un genio?, no lo sé. Intuyo que es algo que él desecharía por simplista, de acuerdo al perfil que se construye entre todas las voces que dan vida a este libro.

Un artista que deja atrás cualquier búsqueda de fama o reconocimiento, que bien podría abrazar esta premisa que le escuche a Minerva, mi mujer, hace unos días, y que está cambiando mi forma de ver y vivir la vida:  “Como artista, sola, quizá pueda ir más rápido, pero juntos, podemos ir más lejos…”.

Pienso en Saemisch también como en un chamán, alguien que alcanzó estados alterados de conciencia, al entender el ritual como lo opuesto a la rutina. Cada movimiento, cada trazo, cada respiración, cada beso, cada caminata, como un acto único e irrepetible, poético por su potencial de ser en sí mismo principio y fin. Su vida y muerte en México solo confirmarían esta idea, abrazar como propio el grandioso conjunto de cosmogonías conviviendo y compartiendo dioses, sabores, ceremonias, artes y saberes, en donde la vida (la naturaleza y nosotros en ella) está en el centro de todo, y sin ella nada existe.

Imagino que a Saemisch le hubiera encantado leer investigaciones como las de David George Haskell, biólogo y ambientalista que publicó “En un metro de bosque”, donde registra su alucinante experiencia de observador empedernido en un metro cuadrado de bosque en Tennessee, o posteriormente “Las canciones de los árboles”, libro del 2017 donde Haskell aventura y demuestra que los árboles suenan distinto entre sí, tal como las aves, y más importante aún, no son individuos que compiten por existir, sino una red biológica diseñada para vivir en armonía: “desde un escarabajo masticando el interior de un árbol muerto hasta las olas que bañan las raíces de una palmera, la naturaleza habla constantemente, por encima o bajo tierra, utilizando sonidos, olores, señales y vibraciones. Son redes conectadas con todo ser viviente, incluido el ser humano”.

Pero lo más importante, creo, que resume esta idea de vivir en armonía con la red de relaciones que nos rodea y que percibo a lo largo del libro como una gran lección que encarna Ernesto, como lo llamaban su esposa y sus amigos, es la que se acerca a esta premisa de que no existe el individuo dentro de la biología, pues la unidad fundamental de la vida es la interconexión y la relación, pues sin ellas, no hay vida posible. Cuando pinta a la naturaleza, a la que ha escuchado previamente, se está pintando a si mismo. Qué bella imagen: Podríamos ver parte de su obra como un gran y continuo autoretrato.

Entiendo esta presentación como un acto de introducción al libro donde se escuchan muchas voces sobre Ernst Saemisch, algunas plasmadas en las palabras mismas de sus autores y autoras, pero mucho más allá, las voces y las palabras de otras personas que se filtran, se cuelan, se entrelazan, construye en sí mismas una red de relaciones. Entre ellas, como refiere David Huerta en su bellísimo texto de entrada, la palabra predilecta de Cezanne:“realizar”… y aún más, dice David, “realizar la realidad”.

Y estas pocas palabras y todo lo que implican, me llevan de nuevo a Jacobo Grinberg, quien creara el hoy desaparecido Instituto Nacional de Estudios de la Conciencia, en la UNAM, y desde sus laboratorios describió con décadas de adelanto la interrelación entre el campo neuronal y el campo cuántico, para darle sentido a una realidad explicada por los antiguos con simples palabras: todos somos parte de lo mismo, somos lo mismo, estamos hechos de lo mismo, y cuando nos damos cuenta de esto con total profundidad y humildad, entonces todo cobra la misma relevancia y se vuelve único e irrepetible, cobramos conciencia, y entones somos capaces de realizar la realidad, como la hacía Saemisch.

En ese gran laboratorio de experimentación que fue la segunda mitad del siglo XX, con la primera y deliberada gran transfusión intercontinental de ideas, culturas, artes, conocimientos y saberes, es difícil no soñar con haber vivido esa época, y es difícil no sentir de entrada una gran felicidad de que exista un libro como éste, donde podemos mirar al personaje como un protagonista de una microhistoria deslumbrante y formidable, como lo es la vida misma de un escarabajo alimentándose de un árbol, que a su vez se alimenta de otros árboles con los que conversa diariamente, compartiendo la vida, la luz, el agua y el silencio.

Por si todo esto fuera poco, tengo que agradecerle a Ernesto Saemishc, sin haberlo conocido personalmente (como creo le agradecemos algunas perasonas que están hoy aquí) que haya construido una de sus casas en lo alto de Contreras, y a Gertrudis, Canek y a la escultora Adriana Remus, que nos hayan rentado a ciegas un pequeño espacio en esa casa faro, desde donde un grupo de amigos tuvimos oportunidad de volver a ser niños a nuestros veinte años, para jugar y correr, saltar y delirar en el Bosque de los Dinamos por casi dos años, abrevando de todo esto que he dicho, intuyéndolo pero sin saberlo del todo.

Imagino a Ernest Saemisch como uno de esos grandes y sabios árboles que cantan en los Dinamos, pero que solo pueden ser escuchados por otros árboles, capaces de saber escuchar, en una convivencia que no conoce la competencia, donde la vida y la muerte son sólo dos estancias en nuestro viaje en común.

 

Tepepan, 27 de junio de 2019

LabCo Acción poética

Acción poética : Laboratorio de creación : LabCo – Plataforma Bioscénica : Proyecto Bi Fundación BBVA Bancomer

El Laboratorio Colaborativo Comunitario (LabCo) es una iniciativa que fusiona varios formatos en busca de poner en combate –por decirlo poéticamente– conocimientos diversos en un tablero horizontal, desapareciendo en la medida de lo posible la distancia entre ponente y auditorio, emisor y receptor.

El LabCo “Acción poética” busca lo mismo, entablar una conversación para propiciar e incentivar la lectura y la escritura de poesía textual, escrita, pero también de la creación de dinámicas y acciones más allá del texto, más allá de la mesa y de la pluma, la poesía como acción y como ejercicio performático, somático, escénico y como un acto artístico inscrito en un tiempo y en un espacio determinado.

La poesía como acontecimiento político. Arte y cultura como resistencia frente a la dinámica de aislamiento y deshumanización. Estar con otros, darse el tiempo para escuchar y para leer, juntos, para digerir la importancia o no de la poesía como alimento.

LabCo “Acción poética” es un laboratorio para el intercambio, inscrito en un espacio específico: la comunidad, con objetivos también específicos: compartir, convivir, comunicarse, intercambiar, reflexionar, hablar, escuchar, leer, escribir y caminar juntos, rescatar juntos el espacio público, intra y extramuros.

A partir de dinámicas definidas y con herramientas precisas que incluyen juegos y divertimentos, se desarrolla una metodología que busca propiciar la participación de quienes asisten a este laboratorio.

Breves objetos infalibles

Pruebas de una batalla existencial,

las migajas del pan descansan sobre la mesa

ignorantes y ciegas

de la sangre que se ha derramado en los calderos, en su nombre…

Su inocencia es la del agua que hierve sin experimentar dolor alguno,

en su proceso de evaporación.

Ninguna desaparece realmente, sólo se transforma.

Entre el cielo y el infierno media una patita de cerdo,

diminutiva, enfática

en su solitaria existencia cercenada pero en vinagre.

Rodeo

Si te dicen que cantes,
abre los brazos
y salta lo más alto que puedas,

si te dicen que calles,
levanta la mirada y con los ojos entornados
esa a la mujer prohibida,

si te dicen duerme,
vuela sobre los tejados,
lánzate al abismo,

es el tiempo de las nubes,
el tiempo del aire,
es el tiempo de hacer el mundo con las manos abiertas,

si te dicen baja,
levántate y domina la tempestad
con los hombros y con los dedos entrelazados,

si te dicen que camines,
duerme,
sueña,
ríe en lo profundo de la memoria,

es el tiempo de la risa
y la catástrofe,
es el tiempo de la ira
y el llanto,
es el tiempo de la vida,

si te dicen muere,
no te mueras,
no es tiempo aún,

camina, corre, salta,
desnúdate y arrójate al río
como se arrojan las aves contra el cielo,

si te dicen pájaro
repica como una campana fuera de control,

si te dicen cántaro
rómpete en mil pedazos
y deja que el agua alcance
su cauce y te lleve al mar,

si te dicen mar ábrete
como una idea en medio del páramo,

si te dicen perro
habla con la voz del enano
que pide un tarro de cerveza,

es el tiempo de la danza
y el canto,
es tiempo de nadar
y hundirse en la ironía
hasta quedarse mudos,

si te dicen aquí y ahora,
pues canta,
lo más alto y claro y nítido que puedas,
canta y silba
como si en ello te fuera la vida,

si te dicen no,
di cuándo,
si te dicen sí,
di quién,
si te dicen hola,
di hola,
si te dicen adiós,
di bienvenido…

es el tiempo de la infamia,
es el tiempo de la vida,
es el tiempo de todos